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| La explosión controlada dejó grandes destrozos y restos de otras tumbas por el suelo. Ignacio Pérez |
También asistieron el padre del concejal asesinado, Cándido Iruretagoyena, su hermana Inmaculada y otros familiares. Una hora después de finalizar la ceremonia, un interlocutor anónimo llamó a la Asociación de Ayuda en Carretera y, en nombre de ETA, advirtió de la presencia de una bomba en las inmediaciones de la tumba, que debería explotar «al paso de los fascistas del PP».
La Ertzaintza -cuyos agentes ya habían rastreado la zona por la mañana- envió al lugar a un equipo de especialistas en explosivos. Ayudados por perros adiestrados, realizaron una inspección del camposanto, sin localizar el artefacto, por lo que la llamada se catalogó como falsa. En un macetero.
Sobre las cinco y media de la tarde, nuevos comunicantes, en llamadas a Euskadi Irratia y a la Policía Municipal de Zarauz, insistieron en la presencia de la bomba, por lo que la Ertzaintza volvió a realizar otra inspección en el cementerio. En esta ocasión, los perros detectaron la existencia de explosivos en el macetero situado frente a la tumba de Iruretagoyena.
Los especialistas en desactivación de explosivos intentaron neutralizar la escondida bomba con los medios técnicos habituales, pero cuando se encontraban realizando esta operación, a las ocho y cinco de la tarde, se produjo una potente deflagración.

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