Si se desclasifican los “papeles” de ETA, sale Merche ¿hay apuestas?
Merche Aizpurua fue pieza fundamental del entramado comunicativo que sostuvo la narrativa del entorno de ETA durante décadas.
Su relación con la banda y su influencia se articulan principalmente a través de tres ejes: judicial, editorial y operativo.
Aizpurua fue condenada en firme por su actividad profesional y su apoyo a la organización terrorista. En 1984, la Audiencia Nacional la condenó a un año de prisión y un año de inhabilitación por un delito de apología del terrorismo.
Como directora técnica de la revista Punto y Hora de Euskal Herria, publicó un editorial titulado "Por los gudaris de ayer y de hoy", coincidiendo con el "Gudari Eguna" (Día del soldado vasco), que ensalzaba directamente la figura de los militantes de ETA.
El tribunal consideró que sus textos no solo informaban, sino que constituían una legitimación de la violencia para alcanzar fines políticos. Como directora de Egin y Gara, su influencia real residía en la estrategia de comunicación de la banda. Informes policiales se refieren a su etapa en el diario Egin (donde fue redactora jefa) como parte de un "comando de papel". ETA llegó a invertir dinero en la empresa editora de los medios que ella dirigía para asegurar su supervivencia además del control ideológico.
Como directora de Gara fue el canal oficial a través del cual la organización comunicaba sus treguas o decisiones estratégicas a la sociedad. El diario mantuvo una línea clara de justificación hacia los atentados y de desprecio al sufrimiento de las víctimas. En un artículo firmado por ella en el año 2000, definió a los periodistas de medios nacionales (incluso a los que le ríen las gracias en el pasillo del Congreso) como "agentes del conflicto" por seguir instrucciones del Estado.
Evidentemente fue interpretado como un señalamiento directo hacia sus compañeros de profesión perseguidos, incluso asesinados, por la banda desde muchos años atrás.
Aizpurua representa la correa de transmisión entre la dirección de ETA y su base social. Su influencia no era "operativa", sino ideológica y estratégica, constructora del marco mental que permitió a la banda sostener su actividad durante décadas mediante el control de la información en el País Vasco.
Ella, ETA y su blanca libertad de expresión.

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