«Quien debe contar lo ocurrido son las víctimas de ETA, lo que no puede ser es que el relato lo hagan los asesinos. No nos lo podemos permitir como sociedad democrática». Pedro Lechuga, periodista por encima de todas las cosas, me habla con vehemencia sobre el documental Memoria revelada, promovido por la Asociación de Víctimas del Terrorismo de Castilla y León, que ha dirigido con el objetivo de poner en valor el papel de la fotografía de prensa como instrumento vital para dejar constancia del dolor y las consecuencias de la violencia de ETA.
Pienso, mientras me cuenta el contenido de la película de no ficción, en las imágenes que pude contemplar durante 40 años sobre los salvajes atentados de ETA. Recuerdo verme obligado a desviar los ojos, cuando en los periódicos de papel veía reflejadas las consecuencias de esos atentados. A veces, para evitarnos el sufrimiento del cuerpo destrozado, optaban por mostrarnos las aceras llenas de sangre, el bolso tirado de la víctima que pasaba por allí o el autobús reventado con restos de uniforme verde. Fotos en las que podías intuir el vuelo de los sueños finiquitados de tantos hombres y mujeres normales, la mayor parte con problemas para llegar a final de mes, que podrían haber pasado al olvido si un fotoperiodista no hubiera apretado el disparador para atrapar ese momento.
Pero es que, además, los profesionales del fotoperiodismo no eran conscientes de que con el paso de los años, tras cientos de asesinados y miles de heridos, los terroristas de ETA y los que les apoyaron, iban a intentar minusvalorar o borrar esa huella asquerosa, manipular la memoria de jóvenes y mayores, y convertir su despiadada e inexplicable guerra en una lucha justa de un pueblo que, por cierto, mayoritariamente estuvo contra ellos.
Por ese motivo, aplaudo con el mayor ruido posible de las palmas de mis manos las acciones que desde el periodismo, buscando datos objetivos, recuperen la historia de esos años de plomo para que las memorias endebles o aquellas otras que nunca vivieron la historia terrorista de España, puedan visualizar lo que pasó.
El fotoperiodista y el mellizo que sobrevivió
Memoria revelada es el cuarto proyecto audiovisual de Pedro Lechuga, un periodista objetivo, acreditado, luchador, inconformista, apasionado por defender nuestra profesión. Ha investigado en Castilla y León, y ha encontrado al destacado fotoperiodista Fidel Raso, uno de esos profesionales que acudía a cubrir la información tras los atentados de ETA. Y también ha buscado en su comunidad y fuera de ella víctimas de atentados en los que Raso hizo fotos. Después los ha juntado. El resultado es impactante, conmovedor y, por encima de todo, una muestra del mejor periodismo, el que pretende contar una historia interesante y desconocida para el que la ve.
Sin hacer espóiler, hay una historia que te hiela el corazón: la del encuentro de Fidel con Alex Moreno. El atentado ocurrió el 7 de noviembre de 1999. Un guardia civil destinado en Erandio, Antonio Moreno, salió de casa para llevar a sus hijos mellizos a una piscina cubierta en Deusto. Los miembros de ETA Juan Carlos Iglesias Chouzas, Javier Martínez Izaguirre y Rosa María Arana Txakartegi habían puesto sus ojos en él, era un objetivo fácil, y le colocaron una bomba lapa en el vehículo que solo utilizaba para desplazamientos familiares, cuando estaba fuera de servicio. Antonio estuvo dos años recuperándose de sus heridas, su hijo Alex sufrió quemaduras en una pierna y se le perforó el tímpano y Fabio murió en el acto, su cuerpo quedó dividido en trozos.
En otro momento, Fidel Raso conversa con Marimar Blanco. En la escena, la hermana de Miguel Ángel Blanco comparte emociones y sentimientos con un fotoperiodista que vivió el horror de ese vil asesinato, una sensación de la que no le libró la mirada a través de una cámara fotográfica.
Acabo con una frase de Sebastián Nogales, presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo de Castilla y León: existe «un miedo real a caer en el olvido», y hay que criticar que quienes apoyan a los terroristas tengan ahora «más trascendencia visual». Esperemos que con documentales como este, que será estrenado la última semana de febrero en Valladolid, eso deje de ocurrir.
Por el recuerdo eterno, la verdad y la justicia frente al terror.
Memoria y Dignidad🎗️
El dolor que no cesa: Un homenaje eterno a las Víctimas de ETA
Reflexión sobre los años de plomo, el sufrimiento silencioso de las familias y la necesidad imperativa de mantener vivo el recuerdo frente al olvido.
Hay cicatrices que el tiempo no logra borrar. Hablar de la historia reciente de nuestro país es, inevitablemente, asomarse a un abismo de recuerdos dolorosos marcados por el azote del terrorismo. Durante décadas, los llamados "años de plomo" cubrieron nuestras calles de un frío silencio, un manto de miedo y una profunda injusticia que fracturó miles de hogares. Hoy, con la perspectiva de los años pero con el corazón intacto, nos negamos a que la rutina sepulte el sacrificio de quienes lo perdieron todo.
El dolor por las víctimas de ETA no es un concept abstracto de los libros de historia; es una realidad humana viva. Es la silla vacía en la cena de Navidad, la infancia interrumpida de tantos hijos, y la mirada cansada de madres y padres que tuvieron que aprender a respirar sin lo que más querían. Cada atentado, cada coche bomba y cada extorsión no solo golpeaba a un cuerpo o a una familia específica, sino que hería de muerte la libertad y la convivencia de toda la sociedad.
"La memoria no es una mirada hacia atrás para estancarse en el rencor, sino un escudo imprescindible para proteger la verdad y asegurar que la barbarie no vuelva a repetirse jamás en nuestra tierra."
Mantener la mirada firme en el recuerdo es un deber moral que nos une a todos. En un entorno digital saturado de inmediatez, espacios como este blog buscan ser un refugio de verdad y justicia. Los seguidores de este rincón compartimos una misma convicción: las víctimas merecen un homenaje que no dependa de los vaivenes políticos ni del paso de los almanaques. Su dignidad es la nuestra.
Cerramos estas líneas reafirmando un compromiso inquebrantable. Acompañamos el sufrimiento de quienes aún lloran a los suyos, transformando ese dolor colectivo en una fuerza constructiva. Porque un país sin memoria es un país sin futuro, y nosotros elegimos recordar, honrar y agradecer eternamente su legado de valentía.
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